UN ANÁLISIS CRÍTICO DEL CONFLICTO
Cristina en Malvinas: ¿Soberanía o crisis económica?
¿Reivindicación legítima disfrazada de necesidades propias de la coyuntura doméstica? Es un interrogante que queda luego de la lectura de la columna de Jaime Daremblum, quien fue embajador de Costa Rica en USA desde 1998 a 2004 y hoy día es un investigador principal del Hudson Institute y dirige el Centro de Estudios Latinoamericanos (Center for Latin American Studies). El artículo reproducido lo escribió para Weekly Standard Online.
"Malvinas Volveremos con la fuerza del pueblo" (¿es así?)
por JAIME DAREMBLUN
WASHINGTON DC (The Weekly Standard). En 1982, la junta militar de derecha que gobernaba la Argentina lanzó una repentina invasión a las Islas Malvinas, el archipiélago del Atlántico Sur que ha sido una posesión británica desde 1833. La invasión fue motivada por un deseo de distraer la atención de graves problemas económicos del país, incluyendo la hiperinflación y la fuga masiva de capitales.
Todos sabemos lo que pasó después: Margaret Thatcher envió tropas para recuperar las islas por la fuerza, la victoria británica posterior impulsó su popularidad en el Reino Unido, mientras que debilitó aún más a la junta militar de la Argentina, y para finales de 1983, la democracia constitucional había sido restaurada en Buenos Aires.
Desde entonces, sin embargo, los gobiernos elegidos democráticamente en la Argentina periódicamente han jugado la carta de las Malvinas para conseguir apoyo interno y mejorar su posición diplomática en América Latina. Este año se cumple el 30º aniversario de la guerra, y, tal como era de esperar, la presidente Cristina Fernández de Kirchner, una vez más está acosando a los isleños, con la ayuda de los países vecinos.
En diciembre, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), inspiración de Hugo Chávez, votó unánimemente a favor de aprobar "los legítimos derechos de la Argentina en la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas / Falkland".
Unas pocas semanas después de la cumbre de la CELAC, una cumbre del Mercosur, el grupo comercial del que participan la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, acordó formalmente adoptar "todas las medidas que se pueden ejecutar para impedir el ingreso a sus puertos de buques que enarbolen la bandera ilegal de las Islas Malvinas" (Falkland Islands).
Como si Buenos Aires necesitara más estímulo para blandir sables, la Administración del presidente Obama lo proporcionó el 20/01, cuando un funcionario del Departamento de Estado fue consultado sobre el conflicto de Malvinas. "Éste es un tema bilateral que debe ser resuelto directamente entre los gobiernos de la Argentina y el Reino Unido", dijo el funcionario. "Exhortamos a ambas partes a resolver sus diferencias mediante el diálogo en los canales diplomáticos normales. Reconocemos la administración de facto del Reino Unido sobre las islas, pero no tomamos posición alguna respecto a la soberanía."
Desde la perspectiva británica, estos comentarios fueron muy decepcionantes, pero no del todo sorprendentes, dada la historia de Obama sobre el tema. Desde una perspectiva argentina, los comentarios representaron un gran triunfo diplomático.
"El hecho de que el gobierno de Estados Unidos no reconoce la reivindicación de la soberanía británica sobre las islas demuestra que es necesario que el Reino Unido se siente a la mesa de negociación con nuestro país, para abrir un diálogo bilateral", declaró el ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman. "Estamos seguros de que todos los de América Latina ven con satisfacción la posición adoptada por los Estados Unidos en Malvinas".
